De la Redacción de Contrapoder -
Hace 22 años Argentina vivía una de las crisis económicas más profundas de las que se tenga memoria y que derivó en una pueblada cristalizada entre el 19 y 20 de diciembre, que marcó un antes y un después en la historia del país; dejando un saldo luctuoso de 38 muertos, más de 500 heridos y 4.000 detenidos a manos de la represión del Estado, y la renuncia de Fernando de la Rúa, un presidente que nunca entendió muy bien qué hacer al frente de un Gobierno que nunca pudo ni supo controlar.
El 19 de diciembre de ese año, el presidente De la Rúa, acuciado por la crisis y temeroso de las manifestaciones populares contra su Gobierno que habían ganado la calle, decretó el estado de sitio y lo anunció a la tarde/noche mediante una cadena nacional; “los hechos de violencia ponen en peligro personas y bienes, y crean un cuadro de conmoción interior. Así como dispuse medidas de emergencia para asistir a los más necesitados, decidí poner límites a los violentos”, afirmó el presidente en su mensaje.
Sin embargo a nadie le importó la decisión presidencial, el pueblo, por primera vez unido por la miseria (“Piquete y Cacerola, la lucha es una sola”) siguió saliendo a protestar, los pobres pidiendo ayuda para comprar comida, y la clase media reclamando por sus ahorros, que habían sido confiscados por el entonces ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo. “¡Que se vayan todos!”, era el grito unánime en las calles de todo el país.
Tras el anuncio, se registraron diferentes protestas a lo largo del país y una multitud se concentró esa noche en la Plaza de Mayo al grito de “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, consigna que se generalizó y se volvió uno de los lemas que caracterizó las protestas.
En un intento de controlar las manifestaciones y el caos social, el Gobierno desplegó a las fuerzas de seguridad, que reprimieron a quienes se habían movilizado.
La Quinta de Olivos también fue rodeada de gente con las mismas consignas. Una guardia perimetral de la Policía Bonaerense -que respondía al gobernador Carlos Ruckauf- fue levantada a medianoche, dejando desguarnecida la residencia presidencial, donde se encontraba De la Rúa. Algunos manifestantes treparon los paredones y se quedaron en los muros. De pasar hacia el interior de la quinta, los esperaban tres líneas de fuego en defensa del presidente de la Nación.
20 de diciembre
Tanto las protestas como la violencia policial se extendieron hasta la tarde del 20 de diciembre. Algunos afirman que durante la extensa jornada 38 personas fueron asesinadas en todo el país, otras versiones afirman que fueron 39.
Durante la madrugada, una multitud se concentró en Palermo frente a la casa de Cavallo, quien a las 3 anunció su renuncia y que dejaría el país junto a su familia. En simultáneo, otro masivo grupo seguía en Plaza de Mayo, donde la Policía Federal reprimió con gases lacrimógenos.
A media mañana, las Madres fueron junto a militantes de derechos humanos y el grupo Quebracho, a la Plaza de Mayo, donde fueron reprimidos por la Policía Montada. Los periodistas y fotógrafos que se encontraban en el lugar intentaron hacer un escudo humano para evitar que las Madres salieran heridas.
Las imágenes fueron transmitidas por televisión y replicadas por todos los medios de prensa, lo que provocó que más manifestantes se acercaran. Al mediodía, el lugar estaba lleno de oficinistas de la City, familias, incluso niños, pero con el correr de los minutos, la plaza quedó rodeada por carros hidrantes y agentes de infantería de la Federal, que reprimieron a la multitud con gases lacrimógenos y balas de goma.
Los incidentes fueron creciendo y se extendieron a lo largo de la Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio donde grupos de militantes de izquierda se enfrentaban con las fuerzas de seguridad. Y lo mismo se replicó en las principales ciudades del país.
Como saldo de la represión fueron asesinados en la ciudad de Buenos Aires: Gastón Riva (31), Carlos Almirón (24), Diego Lamagna (27), Gustavo Benedetto (30), Jorge Cárdenas (52), Ruben Aredes (24) y Alberto Márquez (57). Los homicidios se concretaron en Plaza de Mayo, en Congreso y en las inmediaciones del Obelisco. El de Aredes se cometió en Ciudad Oculta, Villa Lugano.
En la provincia de Buenos Aires, se registraron los asesinatos de: Diego Avila (24, Villa Fiorito); Julio Flores (15, Merlo); Ariel González (24, Pilar); Roberto Gramajo (19, Claypole); Pablo Guías (23, Almirante Brown); Víctor Ariel Enriquez (21, Almirante Brown); Cristian Legembre (20, Castelar); Damián Ramírez (14, Gregorio de Laferrere); Ariel Salas (30, Gregorio de Laferrere), José Vega (19, Moreno), Mariela Rosales (28, Lomas de Zamora) y Carlos Spinelli (25, Pablo Nogués).
En Santa Fe, se registraron las muertes de: Graciela Acosta (35) en Villa Gobernador Gálvez y de Walter Campos (16), Juan Delgado (28), Yanina García (18), Ruben Pereyra (20), Claudio Lepratti (35), Sandra Ríos, Miguel Pacini (15) y Ricardo Villalba (16) en Rosario.
En Paraná, Entre Ríos, se concretaron los asesinatos de: Romina Iturain (15), Rosa Paniagua (13) y José Daniel Rodríguez (25).
En Corrientes fueron asesinados: Ramón Arapi (22) y Juan Alberto Torres (21). En Río Negro, Elvira Avaca (46).
En Tucumán se registró un muerto: Luis Fernández (27).
En Córdoba fueron abatidos: Sergio Miguel Ferreira (20), Sergio Pedernera (16) y David Moreno (13).
Renuncia de Fernando de la Rúa
A las 16, De la Rúa anunció por cadena nacional que no dejaría la Presidencia y, durante el mensaje que duró 11 minutos, convocó a un acuerdo para reformar la Constitución.
Se trató de una “última jugada” para recomponer la situación de su Gobierno. Pero poco después, recibió la llamada de los líderes del PJ, quienes consideraron que “ya era tarde” para probar con algo así.
Luego de no haber recibido apoyo ni por parte del radicalismo, ni del poder económico, redactó su renuncia de puño y letra, dirigida al presidente provisional del Senado, Ramón Puerta:
“Al señor presidente provisional del honorable senado, ingeniero Ramón Puerta:
Me dirijo a usted para presentar mi renuncia como Presidente de la Nación. Mi mensaje de hoy para asegurar la gobernabilidad y constituir un Gobierno de unidad fue rechazado por líderes parlamentarios.
Confío que mi decisión contribuirá a la paz social y a la continuidad institucional de la República. Pido por eso al honorable Congreso que tenga a bien aceptarla.
Lo saludo con mi más alta consideración y estima y pido a Dios por la ventura de mi Patria.
Fernando de la Rúa”.
Poco después de las 19, cuando ya la policía disparaba con balas de plomo contra los manifestantes, De la Rúa huyó de la Casa Rosada en el helicóptero presidencial. La imagen se convirtió en un símbolo de la caída del proyecto político y económico de la gestión de la Alianza, una coalición entre la UCR y el Frepaso.
El 21 de diciembre, por la mañana, concretó su última acción: derogó el Estado de sitio. A su salida, le sucedieron cinco presidentes en una semana. Finalmente, Eduardo Duhalde ocupó el sillón de Rivadavia hasta 2003, cuando Néstor Kirchner asumió como jefe de Estado.
Tras varios intentos de llamado al diálogo, De la Rúa renunció el 20 de diciembre por la tarde.
El presidente escribió la siguiente carta:



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